EL CORAZÓN DEL HOMBRE ES EL QUE DEBE HACERSE RICO, NO SUS ARCAS.

CICERÓN
EN UN MUNDO INJUSTO, EL QUE CLAMA POR LA JUSTICIA, ES TOMADO POR LOCO.

LEON FELIPE

Jesús es mi Luz, mi vida y mi Salvación El Señor es mi Pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valles de sombras de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días.

¿ ACASO TRATAN USTEDES A LOS POBRES COMO BASURERO, DANDOLES AQUELLO QUE YA NO PUEDEN USTEDES USAR O COMER ? COMO ESTO NO PUEDO YA COMERMELO, SE LO VOY A DAR AL POBRE. MARIA TERESA DE CALCUTA

NO TEMAS, PIENSA Y EXPRESATE EN LIBERTAD

DOCTRINA

DOCTRINA
ES NECESARIO RECREAR TODA LA DOCTRINA REVOLUCIONARIA DEL NACIONALSINDICALISMO A PARTIR DE ESAS PREMISAS IRRENUNCIABLES SIN LAS QUE LA FALANGE NO SERÍA TAL: HUMANISMO PERSONALISTA, PATRIOTISMO DINÁMICO Y REVOLUCIONARIO, SINDICALISMO REVOLUCIONARIO DE AUTOGESTIÓN, COMUNALISMO SOCIAL” Javier Iglesias

SEAMOS SERIOS

SEAMOS SERIOS
JAMÁS DA EL ALMA HUMANA MEJOR PRUEBA DE FORTALEZA Y NOBLEZA QUE CUANDO RENUNCIA A LA VENGANZA Y PERDONA UNA OFENSA

CUANDO EL SABLE ESTÉ ENMOHECIDO Y EL ARADO RELUCIENTE, LAS PRISIONES VACIAS Y LOS GRANEROS LLENOS, LAS ESCALERAS DE LOS TEMPLOS VACIAS Y LAS DE LOS TRIBUNALES CUBIERTAS DE HIERBA, CUANDO LOS MEDICOS MARCHEN A PIE Y LOS PANADEROS A CABALLO, ENTONCES ESTARÁ BIEN GOBERNADO EL IMPERIO. Y MIENTRAS TANTO SE SIGUE FUSILANDO A JOSE ANTONIO

lunes, 1 de marzo de 2010

JUSTICIA



UNA ESPAÑA QUE PASA HAMBRE
CRONICAS DE UNA CRISIS


PERIODISTAS EN VARIAS CIUDADES COMPRUEBAN QUE LOS BUSCADORES NO SON LOS POBRES DE ANTES



MARTIN MUCHA

Martes. 21:55. Llega un Mercedes nuevo, no más de dos años, oscuro.Baja una mujer con abrigo de piel. Rápido. Se dirige al supermercado de lujo donde compran futbolistas y celebrities [Sánchez Romero, el más caro de España, según la Organización de Consumidores y Usuarios]. Casi la hora de cierre. De pronto se desvía. Cambia de rumbo y se dirige a los contenedores. Abre la tapa. Hurga entre la basura y escapa con su botín en una bolsa de deporte grande, como las que utilizan los jugadores de tenis. Dentro no hay raquetas. La llenan alimentos congelados, bocadillos y yogures. Llegan otros como ella. Bien vestidos y sin tiempo para charlar. En su situación tampoco querría cruzar palabras. Preferiría el anonimato.


Es un nuevo fenómeno, la gente caída en desgracia tras el crash financiero y que buscan comida en los desechos.Son personas -aparentemente- de clase media que hoy están saturadas por las deudas. Los que no pueden sostener su nivel de vida, antaño holgada [e incluso despilfarradora]. La octava economía del planeta, según ZP, ve el fin de la plenitud así [con la destrucción de empleo más grande del Primer Mundo, un parado cada 15 segundos].



MADRID.- Otro día, nos encontramos en el mismo lugar con un chico muy moreno con dreads. Cazadora tipo North Star. Zapatillas Adidas.Va con su maletín rojo. Se descubre como los pistoleros en las películas del Oeste, pidiendo una tregua. «Sin fotos». Cuenta que hemos espantado a mucha gente. Pido disculpas. Le ayudo a buscar en el contenedor. «Llámame el Reciclador», comenta este muchacho de 26 años, ex asistente de cámara de un canal de televisión que cerró en noviembre. «Podría ser tú», me dice sonriendo [hay un ERE en ciernes en los principales medios de comunicación privados, Abc pretende despedir al 52% de su plantilla, por ejemplo; Localia dejó en la calle a 250 personas...]. Asiento. «No me da miedo dar la cara, pero si salgo no encontraré trabajo nunca y estoy echando currículums a diario». Vive en un piso grande en la zona de Corazón de María [zona acomodada de Chamartín, Madrid] con sus padres, quienes pagan por el alquiler 1.200 euros. «Con esto que cojo llegamos a fin de mes».


El Reciclador es un chico con buenos modales que describe lo que pasa. Está casi todos los días allí. Esperando por la mejor basura de la capital. «Como este es un supermercado de lujo, pocos lo conocen y aquí todo está en buen estado». Repasamos su adquisición: seis kilos de merluza congelada Pescanova, ensaladas de lomo y queso... La recolección no ha sido buena ni mala. Una mujer mayor, de este barrio de clase media y media alta, comienza a buscar. «Ustedes tergiversan todo. No les contaré nada. No tengo por qué. ¡Déjenme en paz!». La vemos varios días. Siempre con distintos abrigos. Con un carrito de la compra naranja que pasea sin excesiva prisa. Podría ser la abuela de cualquiera de vosotros.


Pronto, estas personas serán multadas en Madrid con 750 euros por una nueva ordenanza municipal. Ana Botella, delegada de Medio Ambiente, sostiene la medida porque defiende «los derechos de la mayoría». Ella, afirma, se «niega a vivir en una sociedad en la que tenga que aceptar que hay personas que van a rebuscar en la basura para comer».


Rechazándolas o aceptándolas, ellas existen y caminan por la misma acera. Y no son outsiders.


Llega otro hombre en un Opel Astra. Se baja y descubre al fotógrafo. Huye sin acercarse a los despojos. Otro, vaqueros Levi's, boina negra, metro ochentaitantos, también le descubre y huye. Despotrica, maldice su suerte, a nosotros. Un hombre bueno no cenará hoy por nuestra culpa. Glup. La escena se repite por otras ciudades.No tiene nada que ver con los freegans [movimiento neoromántico por el consumo responsable y el no desperdicio de los alimentos].No. Aquí no hay elección. «Prefiero hacer esto a que me desalojen de mi piso», dice una chica joven, pelirroja que se lleva una ensalada de atún.


BARCELONA.- Miércoles. Sobre las ocho y media de la tarde, los últimos clientes del Caprabo apuran sus compras en la caja. Apenas 200 metros de la Sagrada Familia, en una de las zonas de Barcelona que escenifica a la clase media de la ciudad. Es el Eixample, el estandarte de la burguesía catalana. Los vecinos todavía se conocen. «Sacan el contenedor a las nueve», dice un hombre que espera con nosotros. Cinco grados de temperatura. Un estruendo precede a la apertura de una pesada puerta de carga y descarga.


Como si fuera una alarma, justo en ese momento aparecen de las sombras unas 15 personas, más hombres que mujeres. Vienen corriendo a toda velocidad desde distintos puntos. La mitad más uno son vagabundos. El resto, personas de rostro avergonzado, que parecen vivir en el Eixample. Quienes más llaman la atención, sin duda, son una pareja joven y un anciano de pelo blanco y chubasquero beis. Los novios rondan los 35 años. Ella es rubia, mechas, collares ostentosos y un abrigo entallado de rombos rojos y blancos. Llega a toda velocidad cruzando la calle cogida de la mano de su chico.Hay un momento en el que parece que ella sonríe. Baja la cabeza con timidez.


Se unen a los demás para buscar su cena. En los depósitos hay yogures, conservas, fruta mezclada, pescado... En el mismo saco se mezclan los trozos de pollo con los bistecs. Las cogen con las manos y se reparten ahí mismo, anárquicamente. La pareja apenas quiere hablar [el silencio y el anonimato, otra vez].


-¿Venís a menudo por aquí?
-No, no -responden. Se giran. Ella se cubre la cara con su pelo dorado. Se asoma dentro del cubo. En menos de 10 minutos ya no queda nadie. La pareja joven se marcha tranquila con el carrito de la compra repleto. Si uno los viera por la calle, diría que salen por la puerta grande del Caprabo. Pero no. Un rumano desempleado desde hace un mes se queja de que en los últimos días ha visto a más personas «de clase media». Son su competencia. La dura lucha por comer se nota en el incremento del robo de alimentos a nivel nacional: aumentó un 25% [según la Confederación Española de Policía]. El abuelo de pelo blanco continúa buscando.


VALENCIA.- El fenómeno no es ajeno en la ciudad del Turia. Llegan a buscar en coche, en bicicleta... La historia es clónica. Pero hay un indicio adicional. En el centro de Valencia más de un dependiente o camarero corrobora que en los últimos meses el perfil de las personas que llegan pidiendo a sus establecimientos sobras del día o un simple bocadillo ha evolucionado.


A diferencia del pasado los nuevos pobres no muestran signos visibles de necesidad. Según destaca el encargado de una selecta tienda de alimentación, Jamones Gargallo, situada en el corazón de la exclusiva zona comercial de Colón, la educación y la humildad es el denominador común de estos insólitos necesitados. Describen que se han visto inesperadamente abocados a la mendicidad de alimentos. «Vienen a deshoras, especialmente cuando no hay clientes».Para evitar las miradas de condescendencia.


«No son los típicos pobres de toda la vida, van bien vestidos y nos piden las sobras del día». En este caso restos de productos delicatessen ya que este establecimiento se especializa en productos de alta charcutería. Rodeado de jamones de pata negra, foie de primera y exquisitos quesos, el responsable confiesa que ante la dramática situación, en más de una ocasión han accedido a ofrecerles pequeños refrigerios que ellos no rechazan e ingieren con avidez.


SEVILLA.- Opencor de la esquina de la Ronda de Capuchinos con la avenida de Miraflores. Entre las 10 y las 11 de la noche.Cuando los empleados mueven los contenedores para tirar los productos a punto de caducar, hay ya varias personas esperando para pedirles que les den las bolsas de comida directamente. Así evitan la vergüenza de meter la cabeza entre los desperdicios.


Es un treintañero, padre de familia, que aguarda de vez en cuando en la oscuridad con un Ford blanco para cazar estas viandas gratuitas, un aparente caso de trabajador empobrecido... También viene un señor maduro y con traje que ha llegado alguna vez en bicicleta, se ha gastado 30 euros en películas y revistas y a continuación, antes de seguir camino, ha hecho un alto en los depósitos de la esquina para llevar comida a casa... Un tipo de rebuscador que hace seis o siete meses, según un empleado de la tienda, no existía.


[Las costumbres cambian en Andalucía. En una pequeña urbe como Jaén, la situación se repite... En los restaurantes de Málaga la gente ya no tiene complejos para, después de cenar, pedir los restos y no desperdiciar nada].


BALEARES.- En Palma de Mallorca se han detectado dos síntomas más que muestran lo grave de la situación. Hay mafias que venden la comida caducada [ya van, al menos, cinco detenidos]. Además ha aumentado en un 500% la gente que se alimenta dentro de los supermercados sin pagar. En Baleares, el Banco de Alimentos ha crecido su demanda, en sólo tres meses, un 78%. Crecimiento del 45% a nivel nacional en 2008, 69 millones de kilogramos distribuidos, ¡890.000 beneficiarios de su caridad! [Dato global: La Asociación de Empresas de Limpieza Pública -sus asociados cubren más de 700 ciudades- estima que, en 2008, la basura se ha reducido un 20%...].


Los supermercado de todo el país no saben qué hacer para detener la imagen de personas aguardando por sus desechos. Algunos cuentan con un servicio especial de recogida. O lo donan a ONGs. La mayoría lo deja en la calle [sus empleados, por iniciativa propia, intentan darle un aspecto decente a los alimentos descartados.Otros -malditos- les vierten lejía para evitar el miserable espectáculo, digno de un cuento de Dickens.



VERGÜENZA MUNDIAL.- ¿Qué tienen en común Madrid, Sacramento y Brujas? Respuesta: en las tres ciudades hay severos castigos para los que escarban en los depósitos de restos. En la primera, una sanción monetaria que supera el sueldo básico. En la urbe norteamericana, desde esta semana, se criminaliza a quienes hurgan en ellos. En Bélgica, causa conmoción la condena -de un mes de prisión preventiva- a un hombre que «robó comida» del contenedor de desechos de la cadena Delhaize.


Es la forma de las metrópolis de esconder lo paupérrimo bajo la alfombra. París también es una ciudad cabizbaja. Los ingleses The Times y Reuters se regodean con la proliferación del glanage [una costumbre de la Edad Media que consistía en escarbar en los restos de las cosechas y los mercadillos].


Hablan de un «ejército de recolectores». El caso de Marie, 70 años, es paradigmático. Su esposo y ella tienen unos -respetables- 1.600 euros de ingresos. Sus dos hijos aún viven con ellos a pesar de tener 30 años. Pagan 900 euros de alquiler y sólo pueden buscar en la basura del mercado de Barbès para no acabar sin hogar.


La situación es idéntica a la del asistente de cámara madrileño en paro. Recoge su alimento y llena su bolsa roja un día más.Sigue echando currículums sin suerte. Vuelve a casa. Por el efecto de las luces nocturnas, la silueta de uno de los tres millones y medio de desempleados se multiplica.


«Que Dios nos ayude» [frase robada a un ministro de Economía latinoamericano, la soltó antes de aplicar unas dramáticas medidas económicas que -aquí- aún no llegan].

4 comentarios:

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  2. Muy fuerte.

    Parece increíble pero es cierto, y nos puede tocar a cualquiera.


    Al menos debiera dignificarse, aunque solo sea por el exclusivo motivo sanitario, las grandes superficies no debieran sacar esos alimentos en los mismos cubos de basura que los desechos putrefactos. Esto lo pensé hace muchos años cuando comenzamos a tener nuestras reuniones en Arenal y veía a muchas personas esperar a los cubos del Cortes Ingles de la calle Princesa de Madrid.
    A la vez sentía la vergüenza de tener la oportunidad de verlo desde fuera, y que ademas se pueda malinterpretar lo digo, porque esto debiera ocurrir pero ocurre, mucha personas carecen de lo mas básico muy cerca de nosotros y cada día son legión, en una comunidad económica que ha subvencionado la no producción de alimentos.

    Un saludo.AE

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  3. Sí, no aprendemos, los humanos. Sencillamente nos echamos la mierda generada por el sistema, encima, és la mierda generada por nosotros mismos. Perdona mi claridad, pero es así. Un Saludo A E

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